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Wednesday, May 29, 2013

Esteban Luis Cárdenas, Patakí


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Esteban Luis Cárdenas, Patakí

 

Carlos Velazco

 

Sobran las leyendas de Esteban Luis Cárdenas una vez que llegara a La Habana procedente de Ciego de Avila en 1963, con dieciocho años, para estudiar en la Universidad. Una de ellas es la de su expulsión de la carrera de Historia tres cursos más tarde, por manifestar ideas en aquel momento interpretadas de “antisoviéticas”. Otra es la de su etapa de servicio militar, cuando al terminar la preparatoria, se negó a jurar la bandera apoyándose en la frase de Marx “los proletarios no tenemos patria”. También está la de su perdido libro de cuentos Juego de diversos, finalista en 1975 del concurso “Luis Felipe Rodríguez” de la UNEAC –por la época en que su autor trabajaba en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional- que jamás llegó a publicarse, y la asiduidad a la célebre Tertulia de la Funeraria en el parquecito de Calzada y K, durante esos años que definió “de esguinces literarios” en su poema Década oscura, y que conseguían preservar para la cultura cubana la autenticidad propia de los jóvenes.

 

Inadaptado a cualquier tipo de convención, con su rebeldía Esteban Luis Cárdenas buscaba ese desarraigo que le permitiese preservar un espacio personal frente a una realidad que atentaba contra el yo. En su poema Balada del cazador, de 1975, decía: “has escapado a los más veloces arcos,/ ya has cumplido tu rol”; y a propósito de su relación por esa fecha con una becada extranjera (la cual recordaría siempre como una historia triste) escribía en 1979 Subjetivación, dedicado “a Marta, la eslovaca”: “Aquí fue un sueño;/ al borde del océano, entre los pinos,/ en algún cuarto viejo, sin lámparas, ni muebles,/ solo con alma y lecho…”

 

Casi ignorado es que poco antes de su peculiar intento de salida de Cuba en 1978 (al punto de ser recogido por Reinaldo Arenas en Antes que anochezca), Cárdenas, acompañado de su hermano Diosdado y de su amigo Jacinto Muñiz, había acudido a pedir el consejo de un babalawo. A Esteban Luis Cárdenas Junquera lo dominaba una obsesión: irse. Uno de sus alocados proyectos, quizás verosímil para él, consistía en inflar muchos condones y conformar así un globo aerostático que lo levantase en peso. Desde meses antes, junto a un conocido de apellido Colás, había tratado de vender algunas pertenencias –entre ellas, en cincuenta pesos, un libro difícil de conseguir entonces: Ulyses- para dejar algo de dinero al la madre de su pequeña hija Addis Annia, aunque no es improbable que haya pensado salir con una modesta suma del país. Después de escucharlo, el babalawo solo le advirtió: “Si te vas, serás Osain”.

 

La “solicitud” de asilo político de Esteban Luis Cárdenas consistió en saltar del balcón de un tercer o cuarto piso de un edificio colindante con la embajada argentina. Alcanzó el suelo con varias fracturas en el cuerpo y los tobillos destrozados, lesiones de las que nunca se recuperaría. Devuelto por el personal de la embajada a las autoridades cubanas, debió ser llevado inmediatamente al hospital Calixto García para su ingreso. Osain es el orisha mayor de un solo brazo y una sola pierna… Condenado a quince años de prisión, su caso sería incluido dentro de un plan de indultos a fines de 1979, por lo que saldría de Cuba en enero de 1980.

 

Suele decirse que en Miami Esteban Luis Cárdenas padeció la pobreza, pero el término más preciso para él seria “miseria”, sumado a dos accidentes de tránsito, uno a inicios de la década del ochenta y otro a comienzos de los noventa, que afectaron aún más su capacidad de movimiento y le provocaron serios problemas de la vista. Osain es el orisha mayor de un solo brazo y una sola pierna, un solo ojo y una oreja chica y otra grande.

 

Aunque en Cuba había sido leído entre sus amigos más por sus cuentos que por sus poemas, a partir d su llegad a Estados Unidos, y más específicamente, tras la publicación en 1993 de su primer libro: Cantos del centinela, Esteban Luis Cárdenas será identificado como poeta. “Una poesía –a decir de Reinaldo García Ramos- de la existencia; que le interesa reflejar lo que trasciende en esa vida diaria: resumir, sintetizar”.

 

Su segundo poemario: Ciudad mágica, aparecería en 1997 en las Editions Deleatur de Ramón Alejandro, ilustrado con dibujos del pintor. Fue un ejemplar de este volumen el que hizo llegar a su hija Addis Annia con la dedicatoria: “Espero que te gusten estos versos, aunque según muchos, los de mi primer libro son mejores”. A punto de cumplir los veinticinco años, Addis Annia le había escrito por primera vez a un padre con el cual nunca había tenido contacto. En la primera respuesta del 12 de noviembre de 2000, este le confesaba: “Muchacha, tu carta, aunque hace más compleja mi enredada existencia, me alegró…”

 

La segunda sección “Ciudad mágica” da título al libro, y aquí el calificativo adquiere otras connotaciones, pues desde el poema Flash, la ciudad es más “mágica” precisamente por lo que tiene de “afilada”, o sea, de cortante. Al igual que Osain salió de la tierra como la hierba, la poesía de Esteban Luis Cárdenas surge de su existencia cotidiana al límite en el bajo mundo miamense que refiere en Barrio: “Barrio/ de estibadores, de drogadictos y noctámbulos,/ Se ven jardines apretados. Barcos/El olor activo y resinoso del río;/ Figuras esbeltas, misterios”. Se trata de poemas por momentos narrativos, en los que deja constancia, como en La luz de los pájaros, del desarraigo condicionado por el exilio: “Todo origen de las corrientes: cadáveres y/ sobrevivientes,/ ruinas del Golfo (memorias);/ como una invocación a la paz de los dioses,/ que entre el amor y el sueño,/ nos alejan”. Su introspección le permite la revelación del apocalipsis de una ciudad de “consignas, ferias y negocios” que insiste en transfigurar, a pesar de que como en Visitaciones del Atico y los espejos, esta no lo escucha: “Quien hilvana novelas o frescos,/ donde las escenas brotan para brindar/ una explicación (otro secreto),/ no podrá establecer la cifra en su sentido/ ni recibirá los brillos de las puertas”.

 

Esteban Luis Cárdenas volverá a su género inicial con Un café exquisito en 2001. Su “Introito”: “Un papel blanco para dibujar/ historias sin sentido –tal vez-/ o con el equilibrio del resto/ de los significados”, ayuda a comprender el volumen como un puzzle en el cada una de las partes, ya sean los cuentos o los poemas y las tres “Escenas” alternas, prevalece una conciencia del acto de escritura.

 

Las “escenas” no son más que la incidencia de la Ciudad Mágica en la imaginación, por ello la mujer enloquecida pregunta a gritos hacia cualquier parte: “¿No hay nadie?”, mientras a su alrededor caen los edificios de una urbe “intacta, en su derrumbe”. Las tres narraciones de “El General Marbas y El Escriba” adelantos de una novela nunca terminada permanecen inscritas en una tradición orwelliana y recogen los episodios de Sebastián del Cueto, sempiterno acompañante del caudillo. En “Sortilegio”, El Escriba es conducido por Marbas en una ensoñación pesadillesca, y en “Las uñas de Satanás”, conocemos que Del Cueto ha recibido el encargo de hacer una historia oficial, pero que en las madrugadas adelanta otra más personal y sincera, esa que según podemos deducir, estamos leyendo. Los relatos “Brtevedad del poeta antes de morir” y “Parábola” vuelven a la temática de la épica revolucionaria, pero desde un punto de vista inverso al asumido en la década del sesenta por Jesús Díaz, Norberto Fuentes y Eduardo Heras León. Respecto a los cuentos ubicados en el escenario underground de Miami: “Un café exquisito” fue adaptado al cine por el director Jorge Egusquiza; mientras “Alta Frecuencia” quizás sea el que más trasciende el testimonio de las vivencias del autor en las zonas “donde se mueve la droga entre desamparados, indios de la otra América, pordioseros, negociantes inescrupulosos y muchos tiradores de crack aunque, claro, más viciosos y fumadores que vendedores y también, por supuesto, autos de policías, soplones…” En medio de personajes como la prostituta puertorriqueña Verónica y su amiga, la ejecutiva Lucila, habituados a buscar piedras por la calle Flagler o a lidiar con cadáveres que hay que hacer desaparecer, Angelo, el marielito que trabaja como guardia en un cementerio, es un inadaptado: “aquí todo es dinero, egoísmo y falsedad. Esto es una mascarada y, aunque, a veces, uno pueda refugiarse en la soledad, eso, la soledad, es una cosa que va hiriendo en las entrañas…” dice. Por tal singularidad, su aspecto desagrada al expendedor El Brujo. No por gusto se le describe como “salido de otra parte” y termina sintiéndose mejor entre los muertos.

 

Como una tarde “mágica” recordaría siempre Esteban Luis Cárdenas su último encuentro con Reinaldo Arenas a fines de los ochenta. Carlos Victoria, Reinaldo y él se habían citado en un restaurante especializado en comida cubana, y durante la reunión que tuvo como epílogo la lectura junto al mar de uno de los capítulos de La travesía secreta de Victoria, sus dos amigos se complotaron en una trama que convenciera a Cárdenas de la falsedad de los rumores del sida padecido por Arenas. Arenas y Victoria en realidad no hicieron más que crear una fabulación dentro de la realidad, que como se entiende al revisar sus biografías, será el único terreno donde los tres escritores encontrarían siempre una tregua para adueñarse de sus destinos.

 

Cárdenas fue también uno de los poquísimos amigos cercanos al novelista Guillermo Rosales en Miami, hasta el suicidio de este en 1993. A esa profunda fidelidad que debía esquivar todos los continuos obstáculos levantados por una personalidad irascible, correspondió Rosales eternizándolo en su literatura. Son el negro Cárdenas y Charles Victoria (inspirado, como es obvio, en Carlos Victoria los personajes que al inicio del cuento “Nadie es una isla” ven malogrado su desayuno en el lijoso restaurante de la Esquina de Tejas ante el espectáculo de un mendigo que se da bofetadas a si mismo. La propensión de ambos a sensibilizarse con el lado ingrato del ambiente miamense radica en que figuras como ese individuo enloquecido constituyen el reflejo de su propia condición.

 

Igual de loosers son el Willian Figueras de la novela Boarding Home y su amigo El Negro, cuyas visitas cada una o dos semanas al infernal asilo son el único nexo del protagonista con la sociedad. Solo en esos momentos Figueras vuelve a ser un escritor: El Negro le lleva El tiempo de los asesinos de Henry Miller, un ejemplar de la revista Mariel, le comenta de la reciente muerte de Truman Capote y ambos sueñan con recorrer el barrio gótico de Barcelona, apreciar los originales de El Greco en la catedral de Toledo y hacer la ruta de Hemingway en The Sun Also Rises:

  -Tú, Willy –dice entonces-, deberías cuidarte más.

  -¿Es muy destruido, tú?

  -Aún no –dice-. Pero trata de no caer más.

  -Me cuidaré –digo.

  El Negro me da una palmada en la rodilla. Comprendo que ya se va. Saca una cajetilla de Marlboro a  

  Medio consumir y me la entrega. Luego saca un dólar y también me lo da.

  -Es todo lo que tengo –dice.

  -Lo sé.

 

Simbólicamente, en aquellas visitas (reales) que hacía al hospicio donde estaba internado Guillermo Rosales, y que inspiraron pasajes de Boarding Home, Esteban Luis Cárdenas asistía a una revelación de su futuro, pues pasaría los años siguiente, con algunos intervalos, en instalaciones similares, para finalmente acabar en una de ellas. La diabetes avanzada y las secuelas de sus accidentes, además de acentuar su limitación de movimiento, le dificultaban escribir. Por ello en la mayoría de los poemas del que sería su último libro, Transfiguración, el lenguaje simula cierta mutilación. El desorden de palabras en la página es solo a primera instancia caótico, pues Cárdenas insiste, de una manera más esencial –no le queda más remedio tampoco, apenas puede esbozar notas en una letra de molde muy accidentada-, en compartir sus preguntas y descubrimientos, ya que verdades, no puede alcanzar nunca en un mundo ya de por sí difícil de percibir, como el d Split-Fingers: “Punteos sensoriales,/ resonancia electro/magnética./ -Bitácoras,/ ciclajes tecnológicos,/ Internet,/ explanación…”, más aún, cuando se ha tenido una existencia en constante litigio con vaticinios y destinos signados, razón de sus Versos Antiguos de la Muerte: “y luego, que torna en trizas/ a los entes –si la entorpecen-,/ regresa al templo…” Así recurre a la cursiva para enfatizar el significado de determinados conceptos: grieta, identidad, reiteración insular, existencia propia, tiempos disueltos, encantamientos, ninguna parte, trono de cenizas, que a veces se componen entresacando las palabras destacadas: la realidad se esfuma, existencia clama sueño dicho.

 

De su etapa en Cuba, durante la presentación de Transfiguración en Mayo de 2008, Esteban Luis Cárdenas resumía que su mayor enfrentamiento había sido su propia honestidad. Fuese por el análisis de los sucesos pasados (en uno de los Proverbios de su libro recoge: “El que no entiende,/solo empuña/amargor”) o por una actitud (en Victimizar plantea: “Permanecer/ en constante evocación,/ inclínase/ a/ desvanecimientos/ bisoños”) mostraba haber desterrado cualquier resentimiento al reconocer que “no es obligatorio que el dolor sea absoluto”.

 

Al joven entusiasmo por la vida que su hija Addis Annia le mostraba en una carta, el padre oponía un remedo de refrán: “El que mucho quiere, poco abarca”, y le agregaba: “Tal vez es poco atrapa”, conformismo ausente de su poema Congeniar, en el que es capaz de proclamar su finalidad como escritor: “Como posee sabor a fuego,/mi lengua de metal, no tendrá/ el gusto perverso del rejuego,/ porque, en presta entonación divulgaré/ cantos de libertad por todas/ las abejas”.

 

Para agosto de 2008 Esteban Luis Cárdenas apenas salía del home donde residía en Hialeah. Su único contacto con el mundo exterior prácticamente era por vía telefónica. Los pocos que lo llamaban debían tener algo de paciencia, pues el teléfono quedaba algo distante de su habitación, y él caminaba con lentitud. A través del poeta George Riverón, editor de Transfiguración, establecí contacto con Esteban Luis Cárdenas y él aceptó a que lo entrevistara. No sabré jamás si habría resultado de ello una buena o mala entrevista, ni siquiera lo conocería o trabaría relación con él. En el quizás desmesurado cuestionario de cincuenta preguntas que hice llegar a Riverón para que se lo leyera y grabara las respuestas, interpelaba a Esteban Luis Cárdenas sobre aspectos específicos de sus libros y su vida:

 

   ¿Tiene la capacidad de refugiarse en sus orígenes y el silencio durante los estremecimientos?

 

   Siempre me refugio en mis orígenes. Mi obra es el producto de todo lo que he vivido, de todo lo que a diario vivo. Puede que mucha gente no lo entienda, pero es que mi vida, a veces, es difícil de entender. Soy un hombre del silencio, él está por todas partes, es lo que me queda.

 

   ¿En qué momentos considera que la circunstancia le ha impuesto el contenido a su poesía?

 

   Toda mi vida ha estado basada en circunstancias y mi poesía es mi vida.

 

   ¿Qué demonios le ayuda a exorcizar la poesía?

 

   Hay tantas cosas que me obligan a escribir. Los recuerdos, la soledad, el dolor, la muerte tantas veces tocando a mi puerta.

 

   ¿De qué le es imposible sustraerse al poeta que “cuenta sus limosnas” aun cuando “piensa/ en Altamirano, en los carruajes griegos/ y en la frondosidad de Africa”?

 

   De la realidad. Es imposible alejarse de la realidad. Yo soy un poeta de la realidad, que no es la realidad de todos. Mi realidad es el pasado y el presente a la vez, es que los dos van juntos y ya nada puede separarlos.

 

   ¿Qué atmósfera necesita para escribir?

 

   He aprendido a escribir en todas las circunstancias. Al principio me costaba abstraerme en el bullicio de los otros, pero el contexto te obliga. Tengo mi propio tiempo para escribir y ese no tiene horarios. Ya no es igual que antes, ahora necesito paciencia porque las palabras van formando versos demasiado rápido en mi cabeza y mi mano ya no le acompaña. Ahora la memoria es mi mano y mi hoja en blanco. Tengo que repetirme varias veces el verso en la cabeza para poco a poco irlo escribiendo. Mi físico me va abandonando, pero la poesía jamás.

 

Esteban Luis Cárdenas solo alcanzó a responder estas cinco preguntas en la primera semana de diciembre de 2008. A mediados de ese mes, desapareció. Después de una larga búsqueda, a finales de marzo siguiente recibí un correo de Carlos L. Velazco, mi padre, que empezaba: “Encontré a ELC”. Cárdenas permanecía ingresado en el hospital Jackson de Miami. Había costado trabajo dar con él.

 

La tarde del 2 de abril de 2009, Carlos L. Velazco pudo visitar el Ala Sur del Jackson. Estaban Luis Cárdenas ocupaba la habitación 512. Producto de un severo derrame cerebral (stroke), ya no podía hablar, y apenas comunicarse. Aún así, las enfermeras recomendaban hablarle, pues entendía, reaccionaba cuando se dirigían a él y se esforzaba por comunicarse, sin conseguirlo. Pero jamás recibía visitas.

 

“Así que creo se acabó el capítulo de ELC y de una forma bien triste”, terminó Velazco su correo. No obstante, aunque la salud no lo acompañaba en lo más mínimo, Esteban Luis Cárdenas moriría el 8 de agosto de 2010, después de resistir dieciséis meses. Osain es capaz de alejar a la Ikú. Las tantas antologías y selecciones que no lo incluyen y que ningún crítico hay atendido su obra en Cuba, no hace más que recordarnos esos casos en que exponentes vitales y genuinos de una literatura permanecen fuera de lo que se entiende como el inside de la cultura. Con sus cuatro libros Esteban Luis Cárdenas logró alejar definitivamente a la verdadera Muerte para un escritor: el no escribir. En verdad su capítulo no ha terminado. Porque nunca se sabe.

 

CARLOS VELAZCO (La Habana 1985). Periodista y editor. Su ensayo “Alguien tiene que angustiarse por René Jordán” fue incluido en el volumen de conferencias Escritores olvidados de la República (2012).

 
NOTA: Esto es una transcripción del artículo aparecido en el número 78 de la revista Unión, 2013. Páginas 84-89. Velazco es el jefe de redacción de dicha publicación. En las páginas siguientes del número hay una selección de poemas y cuentos de Cárdenas

Thursday, August 23, 2012

Las 50 mejores películas de todos los tiempos


 

Las 50 mejores películas de todos los tiempos según los 846 críticos, programadores, académicos y distribuidores encuestados por la revista Sight & Sound. Estos provienen de 73 países y fueron quienes respondieron a las más de mil solicitudes que hizo la revista. Se votaron un total de 2045 filmes.


·         Vertigo (1958)


Alfred Hitchcock

A former detective with a fear of heights is hired to follow a woman apparently possessed by the past, in Alfred Hitchcock’s timeless thriller about obsession.

1

·         Citizen Kane (1941)


Orson Welles

Given extraordinary freedom by Hollywood studio RKO for his debut film, boy wonder Welles created a modernist masterpiece that is regularly voted the best film ever made.

2

·         Tokyo Story (1953)


Ozu Yasujirô

The final part of Yasujiro Ozu’s loosely connected ‘Noriko’ trilogy is a devastating story of elderly grandparents brushed aside by their self-involved family.

3

·         Règle du jeu, La (1939)


Jean Renoir

Made on the cusp of WWII, Jean Renoir’s satire of the upper-middle classes was banned as demoralising by the French government for two decades after its release.

4

·         Sunrise (1927)


F. W. Murnau

Lured to Hollywood by producer William Fox, German Expressionist filmmaker F.W. Murnau created one of the silent cinema’s last and most luminous masterpieces.

5

·         2001: A Space Odyssey (1968)


Stanley Kubrick

Adapting Arthur C. Clarke’s novel, Kubrick took science fiction cinema in a grandly intelligent new direction with this epic story of man’s quest for knowledge.

6

·         Searchers, The (1956)


John Ford

John Ford created perhaps the greatest of all westerns with this tale of a Civil War veteran doggedly hunting the Comanche who have kidnapped his niece.

7

·         Man with a Movie Camera (1929)


Dziga Vertov

An impression of city life in the Soviet Union, The Man with a Movie Camera is the best-known film of experimental documentary pioneer Dziga Vertov.

8

·         Passion of Joan of Arc (1927)


Carl Theodor Dreyer

Silent cinema at its most sublimely expressive, Carl Theodor Dreyer’s masterpiece is an austere but hugely affecting dramatisation of the trial of St Joan.

9

·         8½ (1963)


Federico Fellini

Federico Fellini triumphantly conjured himself out of a bad case of creative block with this autobiographical magnum opus about a film director experiencing creative block.

10


Sergei Eisenstein, 1925 (63 votes)


Jean Vigo, 1934 (58 votes)


Jean-Luc Godard, 1960 (57 votes)


Francis Ford Coppola, 1979 (53 votes)


Ozu Yasujiro, 1949 (50 votes)


Robert Bresson, 1966 (49 votes)


Kurosawa Akira, 1954 (48 votes)

17= Persona

Ingmar Bergman, 1966 (48 votes)

19. Mirror

Andrei Tarkovsky, 1974 (47 votes)


Stanley Donen & Gene Kelly, 1951 (46 votes)


Michelangelo Antonioni, 1960 (43 votes)


Jean-Luc Godard, 1963 (43 votes)


Francis Ford Coppola, 1972 (43 votes)

24= Ordet

Carl Dreyer, 1955 (42 votes)


Wong Kar-Wai, 2000 (42 votes)


Kurosawa Akira, 1950 (41 votes)


Andrei Tarkovsky, 1966 (41 votes)


David Lynch, 2001 (40 votes)

29= Stalker

Andrei Tarkovsky, 1979 (39 votes)

29= Shoah

Claude Lanzmann, 1985 (39 votes)


Francis Ford Coppola, 1974 (38 votes)


Martin Scorsese, 1976 (38 votes)


Vittoria De Sica, 1948 (37 votes)


Buster Keaton & Clyde Bruckman, 1926 (35 votes)


Fritz Lang, 1927 (34 votes)

35= Psycho

Alfred Hitchcock, 1960 (34 votes)


Chantal Akerman, 1975 (34 votes)


Béla Tarr, 1994 (34 votes)


François Truffaut, 1959 (33 votes)


Federico Fellini, 1960 (33 votes)


Roberto Rossellini, 1954 (32 votes)


Satyajit Ray, 1955 (31 votes)


Billy Wilder, 1959 (31 votes)

42= Gertrud

Carl Dreyer, 1964 (31 votes)


Jean-Luc Godard, 1965 (31 votes)


Jacques Tati, 1967 (31 votes)


Abbas Kiarostami, 1990 (31 votes)


Gillo Pontecorvo, 1966 (30 votes)


Jean-Luc Godard, 1998 (30 votes)


Charlie Chaplin, 1931 (29 votes)


Mizoguchi Kenji, 1953 (29 votes)


Chris Marker, 1962 (29 votes)

 


Las diez mejores de todos los tiempos según los directores

 

358 directores de cine respondieron a la invitación de Sight & Sound. Esta es la lista de los directores:

 
 

1. Tokyo Story

2 (tie). 2001: A Space Odyssey

2 (tie). Citizen Kane

4. 8 1/2

5. Taxi Driver

6. Apocalypse Now

7 (tie). The Godfather

7 (tie). Vertigo

9. Mirror

10. Bicycle Thieves

 

 


Las diez mejores sonoras (críticos)

Como considero que el cine silente y el sonoro son dos formas de arte diferentes, eliminé las silentes entre las primeras diez y este es el resultado contando solamente con las sonoras. Curiosamente, los directores de cine no incluyeron ninguna silente en sus diez primeras. (RM)


1.- Vertigo

2.- Citizen Kane

3.- Tokyo Story

4.- La Regle du Jeu

5.-2001 A Space Oddysey

6.- The Searchers

7.-8 e mezzo

8.- L’Atalante

9.- Breathless

10.- Apocalypse Now

 


Listas individuales de algunos directores de interés

 


Woody Allen

Bicycle Thieves (1948, dir. Vittorio De Sica)

The Seventh Seal (1957, dir. Ingmar Bergman)

Citizen Kane (1941, dir. Orson Welles)

Amarcord (1973, dir. Federico Fellini)

8 1/2 (1963, dir. Federico Fellini)

The 400 Blows (1959, dir. Francois Truffaut)

Rashomon (1950, dir. Akira Kurosawa)

La Grande Illusion (1937, dir. Jean Renoir)

The Discreet Charm of the Bourgeoisie (1972, dir. Luis Bunuel)

Paths of Glory (1957, dir. Stanley Kubrick)

 

Francis Ford Coppola

Ashes and Diamonds (1958, dir. Andrzej Wajda)

The Best Years of Our Lives (1946, dir William Wyler)

I Vitteloni (1953, dir. Federico Fellini)

The Bad Sleep Well (1960, dir. Akira Kurosawa)

Yojimbo (1961, dir. Akira Kurosawa)

Singin' in the Rain (1952, dir. Stanley Donen and Gene Kelly)

The King of Comedy (1983, dir Martin Scorsese)

Raging Bull (1980, dir. Martin Scorsese)

The Apartment (1960s, dir. Billy Wilder)

Sunrise (1927, dir. F.W. Murnau)

 

Guillermo Del Toro

Frankenstein (1931, dir. James Whale)

Freaks (1932, dir. Todd Browning)

Shadow of a Doubt (1943, dir. Alfred Hitchcock)

Greed (1925, dir. Erich Von Stroheim)

Modern Times (1936, dir. Charlie Chaplin)

La Belle Et La Bete (1946, dir. Jean Cocteau)

Goodfellas (1990, dir. Martin Scorsese)

Los Olvidados (1950, dir. Luis Bunuel)

Nosferatu (1922, dir. F.W. Murnau)

8 1/2 (1963, dir. Federico Fellini)

 

Martin Scorsese

8 1/2 (1963, dir. Federico Fellini)

2001: a Space Odyssey (1968, dir. Stanley Kubrick)

Ashes and Diamonds (1958, dir. Andrzej Wajda)

Citizen Kane (1941, dir. Orson Welles)

The Leopard (1963, dir. Luchino Visconti)

Palsa (1946, dir. Roberto Rossellini)

The Red Shoes (1948, dir. Michael Powell and Emeric Pressburger)

The River (1951, dir. Jean Renoir)

Salvatore Giuliano (1962, dir. Francesco Rosi)

The Searchers (1956, dir. John Ford)

Ugetsu Monogatari (1953, dir. Kenji Mizoguchi)

Vertigo (1958, dir. Alfred Hitchcock)

 

Quentin Tarantino

The Good, the Bad and the Ugly (1966, dir. Sergio Leone)

Apocalypse Now (1979, dir. Francis Ford Coppola)

The Bad News Bears (1976, dir. Michael Ritchie)

Carrie (1976, dir. Brian DePalma)

Dazed and Confused (1993, dir. Richard Linklater)

The Great Escape (1963, dir. John Sturges)

His Girl Friday (1940, dir. Howard Hawks)

Jaws (1975, dir. Steven Spielberg)

Pretty Maids All in a Row (1971, dir. Roger Vadim)

Rolling Thunder (1977, dir. John Flynn)

Sorcerer (1977, dir. William Friedkin)

Taxi Driver (1976, dir. Martin Scorsese)

 


Listas individuales de algunos críticos de interés



Slavoj Zizek

Filósofo y crítico cultural
Eslovenia
Votó en el critics poll

Votó por:

1957
Delmer Daves
1984
David Lynch
1948
King Vidor
1944
Veit Harlan
2002
Zhang Yimou
2007
Xavier Gens
1947
Edmund Goulding
1942
Goffredo Alessandrini
1951
Nicholas Ray
1965
Robert Wise

Comments

This time, I opted for pure madness: the list contains only ‘guilty pleasures’, from two screen versions of Ayn Rand to a top Nazi melodrama, from David Lynch’s greatest flop to height of musical kitsch, from a low-budget Hollywood action thriller to a Chinese big-budget historical spectacle, plus a half-forgotten Western and two marginal noirs. This is what I really enjoy – no compromises for high quality or good taste.



Camille Paglia

Profesora, Humanities and Media Studies, University of the Arts, Philadelphia
US
Votó en el critics poll

Votó por:

1959
William Wyler
1960
Federico Fellini
1972
Francis Ford Coppola
1974
Francis Ford Coppola
1939
Victor Fleming
1962
David Lean
1959
Alfred Hitchcock
1950
Jean Cocteau
1966
Ingmar Bergman
1958
Alfred Hitchcock

Comments

My favorite films combine spectacular photography with strength and depth of character. Their intense emotional resonance is often amplified by superb orchestral scores, more expressive than mere words. A great film creates a world of its own. It can be seen again and again without ever losing its freshness and surprise.


Críticos cubanos incluidos entre los votantes


Ambrosio Fornet

Crítico
Cuba
Votó en el critics poll

Votó por:

1925
Sergei M Eisenstein
1964
Glauber Rocha
1960
Jean-Luc Godard
1941
Orson Welles
1960
Federico Fellini
1925
Charles Chaplin
1968
Tomás Gutiérrez Alea
1955
Satyajit Ray
1950
Akira Kurosawa
1961
Luis Buñuel


Gilberto Pérez

Autor y académico
E.U.A./Cuba
Votó en elcritics poll

Votó por:

1976
Ousmane Sembene
1930
Aleksandr Dovzhenko
1962
Michelangelo Antonioni
1939
Jean Renoir
1954
Mizoguchi Kenji
1924
Buster Keaton
1994
Abbas Kiarostami
1961
Luis Buñuel
1950
John Ford
1933
Jean Vigo

Comments

I regret I have no room in the arbitrary top ten for Chaplin or Murnau, Cagney or Stanwyck, Bruce Baillie or Ernie Gehr, It Happened One Night or Mr. Thank You, Shadow of a Doubt or The Reckless Moment, Day of Wrath or Andrei Rublev, Not Reconciled or Eloge de l’amour.

 


Juan Antonio García Borrero

Crítico y profesor: cinecubanolapupilainsomne.wordpress.com
Cuba
Votó en el critics poll

Votó por:

1960
Federico Fellini
1972
Francis Ford Coppola
1925
Charles Chaplin
1934
Frank Capra
1962
Andrei Tarkovsky
1968
Tomás Gutiérrez Alea
1995
Luis Buñuel
1950
Akira Kurosawa
1960
Luchino Visconti
1960
Ingmar Bergman

Comments

Behind the amusing anecdote of the fortune seeker, behind the ingenious gags that are scattered throughout the film, The Gold Rush is one of the most profound cinematic representations of the tragic sense that pervades life. Chaplin is not a comedian; he is a genius who knows to expose the essence of human existence. On the other hand, up till this point there’s never been in all the history of cinema a character as universal as Charlot, who is capable of describing human beings with shivering exactitude, regardless of race, sex or standing in society. That is to say, capable of describing us as what we are deep inside: tramps in search of that golden chimera called happiness. Rashomon is a very fine study of the genuine possibilities that humans have to access truth. Kurosawa does not exactly declare himself to be in favour of relativism. Rather, he encourages us to be wary of any rush to understanding, or treating as definitive the first versions of truth that we build. And everything is done with an enviable sense of the cinematographic, in a story where the actors’ performances acquire great relevance. Violent yet profoundly human, The Godfather Part I works as a masterful portrait of modern societies. Coppola does not analyse his characters, nor seeks to moralise, but instead constructs these characters with all those ingredients that constitute the human condition. The visual and narrative elements are simply fascinating. The superbly thorough study that Fellini makes of a world characterised by the loss of moral values remains intact. But La Dolce Vita is not only about moral denunciation; it’s a film that has managed to leave for posterity sequences that work in the collective imaginary in an autonomous way. Los Olvidados is a Buñuel film capable of higher strike rates than those by Italian Neorealism, and with the latter’s own ingredients. His look on the world of the poor is bereft of any kind of idealisation. The poor, by virtue of being ‘poor’, are not granted any assistance by history or reason. Buñuel gives voice to the excluded, but goes even further than fake compassion and shows the spiritual misery that hides behind all material poverty. In Ivan’s Childhood, his first feature, Tarkovsky seems to be complying with the demands of a cinema that praises the virtues of the ‘socialist man’, as was required at the time. However, his creative genius means he can insert sequences that go beyond any desire for a ‘socialist realism’, to show us a protagonist who is not only vulnerable because of his age and physique, but also because of his own nature. The childhood the title is referring to could also be interpreted as that fleeting, violent and innocent passage that is human life. In The Virgin Spring Bergman captures the innocence of an 18th-century Swedish legend in a film where the debate around Good and Evil reaches philosophic heights. But the profundity of the discussion is guaranteed by his masterful use of filmic language. With a perfect dramaturgic structure, the film manages to shift, with chilling effectiveness, from candour to anguish, leaving in the viewer that deep sense of unease that tragedy inspires. Visconti’s extraordinary sensitivity manages to deliver a vigorous social portrait in the form of melodrama. The incredibly finely textured sociological study of the protagonist’s family members reveals a shocking emotional universe, and all the performances (all of them great) enable Rocco and his Brothers to acquire a great tragic density. It Happened One Night is an unforgettable film. Capra unfurls his great gifts as a narrator, turning this simple (if only in appearance) romantic comedy into a memorable cinematographic exercise. The way in which he distributes the various tensions (sexual, economical, social) guarantees that the rhythm of the film is vertiginous at all times. Gutiérrez Alea’s Memories of Underdevelopment continues to be a surprising film which does not age, owing to the fact that, more than telling a story about a bourgeois man whose been surpassed by History, it examines the destiny of an individual who in reality feels like a foreigner in Existence. The fact that the plot is developed in the context of an underdeveloped country where a revolution is taking place can raise the suspicion that it is part of ‘the school of resentment’, but a closer look from our present perspective proves that its focus is not exactly sociological. Even people who live in first world countries can identify with this character’s scepticism, nonconformity and doubt in the face of that programmed optimism that elites seem to be dictating to us, dazzled as they are by the idea of the Progress of illuminism.


Apéndice

La lista del 2002 con la lista individual de Alfredo Guevara y la de Zizek


Los diez mejores según los críticos


Dazzlingly inventive, technically breathtaking, Citizen Kane reinvented the way stories could be told in the cinema, and set a standard generations of filmmakers have since aspired to. An absorbing account of a newspaper tycoon’s rise to power, Orson Welles’ debut film feels as fresh as tomorrow's headlines. And he was only 26 when he made it.


A gripping detective story or a delirious investigation into desire, grief and jealousy? Hitchcock had a genius for transforming genre pieces into vehicles for his own dark obsessions, and this 1958 masterpiece shows the director at his mesmerising best. And for James Stewart fans, it also boasts the star’s most compelling performance.


Tragedy and comedy effortlessly combine in Renoir’s country house ensemble drama. A group of aristocrats gather for some rural relaxation, a shooting party is arranged, downstairs the servants bicker about a new employee, while all the time husbands, wives, mistresses and lovers sweetly deceive one another and swap declarations of love like name cards at a dinner party.


Few films have portrayed the US immigrant experience quite so vividly as Coppola’s Godfather films, or exposed the contradictions of the American Dream quite so ruthlessly. And what a cast, formidable talent firing all cylinders: Brando, De Niro, Pacino, Keaton, Duvall, Caan. Now that’s an offer you can’t refuse.


A poignant story of family relations and loss, Ozu’s subtle mood piece portrays the trip an elderly couple make to Tokyo to visit their grown-up children. The shooting style is elegantly minimal and formally reticent, and the film’s devastating emotional impact is drawn as much from what is unsaid and unshown as from what is revealed.


One of the most ambitious Hollywood movies ever made, 2001 crams into its two-hour plus running time a story that spans the prehistoric age to the beginning of the third millennium, and features some of the most hypnotically beautiful special effects work ever committed to film. After seeing this, you can never listen to Strauss’ Blue Danube without thinking space crafts waltzing against starry backdrops.


Eisenstein's recreation of a mutiny by sailors of the battleship Potemkin in 1905 works as daring formal experiment - which pushed the expressive potential of film editing to its limit - and rousing propaganda for the masses. The Odessa Steps sequence remains one of the most memorable set-pieces in cinema.

 


Having left his native Germany for the US, F.W. Murnau had all the resources of a major Hollywood studio at his disposal for this, his American debut. What he produced was a visually stunning film romance that ranks as one of the last hurrahs of the silent period.


Wonderfully freefloating, gleefully confusing reality and fantasy, provides a ringside seat into the ever active imaginative life of its director protagonist Guido, played by Fellini’s on-screen alter-ego Marcello Mastroianni. The definitive film about film-making - as much about the agonies of the creative process as the ecstasies - it’s no wonder the movie is so popular with directors.

Singin’ In the Rain (Kelly, Donen)

Impossible to watch without a smile on your face, this affectionate tribute to the glory days of Hollywood in the 1920s is pleasure distilled into 102 minutes. With Gene Kelly dance sequences that take your breath away and a great score by Brown and Freed, this is the film musical at its best.

 

Los diez mejores según los directores

 


Dazzlingly inventive, technically breathtaking, Citizen Kane reinvented the way stories could be told in the cinema, and set a standard generations of film-makers have since aspired to. An absorbing account of a newspaper tycoon's rise to power, Orson Welles' debut film feels as fresh as tomorrow's headlines. And he was only 26 when he made it.


Few films have portrayed the US immigrant experience quite so vividly as Coppola's Godfather films, or exposed the contradictions of the American Dream quite so ruthlessly. And what a cast, formidable talent firing all cylinders: Brando, De Niro, Pacino, Keaton, Duvall, Caan. Now that's an offer you can't refuse.


Wonderfully freefloating, gleefully confusing reality and fantasy, 8½ provides a ringside seat into the ever active imaginative life of its director protagonist Guido, played by Fellini's on-screen alter-ego Marcello Mastroianni. The definitive film about film-making - as much about the agonies of the creative process as the ecstasies - it's no wonder the movie is so popular with directors.


Filmed in the desert in lavish widescreen and rich colours, Lawrence of Arabia is David Lean at his most epic and expansive. You can almost feel the waves of heat glowing from the cinema screen.


A black comedy about impending nuclear annihilation that was made at the height of the cold war, Dr. Strangelove is perhaps Kubrick's most audacious movie and certainly his funniest. Peter Sellers has never been better, and provides good value playing three roles.


Mixing melodrama, documentary and social commentary, De Sica follows an impoverished father and son treading the streets of post-war Rome, desperately seeking their stolen bicycle. Deeply compassionate, this poignant film is one of the outstanding examples of Italian neorealism.


An unblinkingly honest biopic of Jake La Motta - a great prizefighter but a deeply flawed human being - this catches Scorsese in fighting fit form. The boxing sequence are both brutal and beautiful, and De Niro, who famously put on weight to play the middle-aged La Motta, gives one of the performances of modern cinema.


A gripping detective story or a delirious investigation into desire, grief and jealousy? Hitchcock had a genius for transforming genre pieces into vehicles for his own dark obsessions, and this 1958 masterpiece shows the director at his mesmerising best. And for James Stewart fans, it also boasts the star's most compelling performance.


Offering four differing accounts of a rape and murder, all told in flashbacks, Kurosawa's 1951 film is a complex meditation on the distortive nature of memory and a gripping study of human behaviour at its most base. Mifune Toshiro is magnetic as the bandit Tajomaru.


Tragedy and comedy effortlessly combine in Renoir's country house ensemble drama. A group of aristocrats gather for some rural relaxation, a shooting party is arranged, downstairs the servants bicker about a new employee, while all the time husbands, wives, mistresses and lovers sweetly deceive one another and swap declarations of love like name cards at a dinner party.


The blueprint for The Magnificent Seven was Kurosawa's magnificent swordplay epic of self-sacrifice about a band of hired samurai who come together to protect a helpless village from a rapacious gang of 40 thieves who descend every year to steal the harvest and kidnap women. The final sequence of the fight in the mud and rain has never been bettered.


Alfredo Guevara

International Film Festival of New Latin American Cinema

Cuba












Slavoj Zizek

Eslovenia